Ley y Cerebro

       El hombre permanece sentado junto a la defensa, mira hacia abajo, ausente, absorto en sus pensamientos. Pareciera que no presta atención.

De momento, el fiscal, tras una pausa y el revoloteo de unos papeles, saca unas transparencias y se acerca a un proyector previamente dispuesto en la sala.

-Solicito que el jurado tome este escáner IRMf del acusado como prueba. En él se demuestra que su declaración de los hechos, según los análisis realizados por varios neurólogos y neurocientíficos, posee muchas irregularidades…-

El juez lo mira con desaprobación y antes de que la defensa se alce el grito, dice con voz autoritaria: -Le aconsejo, señor fiscal, que no declare cosas que puedan inquirir en suposiciones e ideas preconcebidas. Podría tener que cesarle por comentarios así-

Hay un pequeño silencio contenido. -Se acepta la presentación de la prueba, no obstante-

Declara el juez mientras el acusado mira pasmado y aturdido hacía los papeles que sostiene en la mano el abogado…

             Imaginad la situación. Este pequeño ejemplo podría ser la imagen de una realidad próxima. Habrá algunos que piensen: genial, es una gran idea que podría solucionar y ayudar en la decisión de un jurado. Otros sin embargo esgrimirán otros argumentos: ¿hasta que punto es fiable?, ¿qué hay de las falsificaciones?, ¿o de los errores de interpretación?.

Bien, bien, bien. Veamos el asunto un poco más de cerca, ya que parece que empezamos a entrar en camisas de once varas.

Lo primero y fundamental: ¿es esto posible?, ¿existe esta tecnología?: Sí, sí existe. No es cómo el famoso polígrafo, pero sus consecuencias pueden ser parecidas. Se llama IRMf, o escáner de imágenes por resonancia magnética funcional, y miden el flujo sanguíneo local cerebral, no la actividad eléctrica, es decir, no capta el trabajo directo de la neurona, la unidad fundamental de nuestro cerebro, sino la sangre que, se supone, está relacionada con el uso de los conjuntos de neuronas. Esto permite, utilizando patrones previamente analizados, interpretar las imágenes cerebrales para hacernos una idea de qué y cómo estamos pensando.

Por ahora no es una ciencia exacta, de hecho resulta bastante imprecisa. Esto se debe, en primer lugar a la falta de estándares promedios, es decir, puntos de referencia con los que comparar, ya que cada individuo, y ante diferentes situaciones reacciona de muy diversas maneras. Otro problema principal es nuestro desconocimiento del cerebro. No entendemos todavía lo suficiente, de hecho, muy poco de él, y mucho mas teniendo en cuenta las lesiones neurológicas y psicológicas a las que nos podemos enfrentar ante un caso judicial por ejemplo.

La parte interesante, es que ya se utiliza de forma muy efectiva para la obtención de una gran información en estudios científicos. Por ejemplo se puede saber si un sujeto es mas dado a decir la verdad o a pensar excusas o caer en la tentación de “hacer trampas”. También se consiguen detectar diferencias de actividad en personas con psicopatías diagnosticadas y analizar la evolución en individuos con problemas como este. Otra posibilidad para los IRMfs es la detección de un recuerdo, de forma que se puede conocer cuando una persona está recordando algo, pero es imposible saber si ese recuerdo es una fantasía u obedece a un recuerdo real.

Como vemos, estos escáneres pueden resultar una poderosa herramienta para la neurología, pero, además de encontrarse todavía en pañales, podrían llevar asociados una serie de riesgos que van mucho mas allá de una condición tan particular como es un juicio. El caso es que cada vez mas y mas abogados, en Estados Unidos, tratan de utilizar estos escáneres y técnicas como prueba en los litigios. Y aunque todavía no se aceptan fácilmente, pueden asentar precedentes. Pero no es solo el ámbito jurídico el que debería preocuparnos, sino otros mas cercanos y personales. En una era donde las redes sociales como Facebook, Twitter, LinkedIn u otras, pueden abrirnos y cerrarnos puertas, donde se están desarrollando memorias externas para el cerebro humano, donde existen inteligencias artificiales capaces de evolucionar, ¿no sería peligroso contar con información de este tipo a la ligera?, ¿hasta donde se vería comprometida nuestra sensación de libre albedrío?, y la ética de las relaciones humanas, ¿ha de evolucionar al mismo ritmo que la tecnología?.

       El médico estaba muy molesto. No entendía por que su paciente no podía descansar en paz sin tener un agente sentado a la puerta todo el tiempo. El era neurólogo, entendía mucho mejor que cualquier leguleyo lo que una “lesión neuronal con incidencia conductual social” significaba. ¡Si hasta sabía de que conducta estaba hablando!, y su paciente no tenía ninguna psicopatía, eso era seguro.

Pero ahí estaba el escáner, ahí estaba el análisis, y ahí estaban las estadísticas. Dentro de la población de riesgo. Y solo por el numero de actividad disfuncional. Daba igual que la lesión no siguiera el patrón de una lesión causante de comportamientos psicopáticos o sociopáticos. A los abogados, al juez, ¡a la Ley!, solo le importan los números.

Los familiares entraron poco a poco. Estaban mucho mas enfadados. El resto de los pacientes los miraban como si fueran delincuentes, toda la familia. Miraron acusadoramente al médico, acribillándolo con la mirada. El médico miró al policía, armado, sentado junto su paciente, transmitiendo todo su odio contra el sistema. El policía alzó los hombros como si todo aquel asunto no fuese con él…

           El hombre aguardaba sentado en la puerta. Llevaba mas de dos horas esperando. Su presentación había sido perfecta. Su apariencia era exquisita. Sus maneras y su empatía prodigiosas. Tenía, el trabajo, estaba seguro. Además lo necesitaba. Estaban discutiendo los pormenores del contrato, ¿por qué tardarían tanto si no?.

El vicepresidente de la compañía salió de una puerta entornada, tras la cual es seguían escuchando voces discutiendo. La cerró inmediatamente al salir.

-Una presentación sublime, el mejor análisis de mercado que hemos visto en mucho tiempo-

-¿Verdad que sí?, llevo muchos años en esto, ya os lo dije, veréis los beneficios que sacamos después de…-

-Sí, bueno, verás…- Le interrumpió. – El presidente siente muchísimo tener que rechazar tu currículum, yo también, la verdad-

– Pero, no lo entiendo, ¡si encajo a la perfección en el puesto!-

-Sí, sí, realmente… pero, es que hay gente en la administración que ha evaluado tu IRMf y, bueno, son un poco desconfiados, hemos tratado de convencerlos, pero… bueno, tú no te preocupes, con ese currículum no tardarás en conseguir un gran puesto. De verdad que lo sentimos-

-Si, un puesto, muy pronto, seguro…-

Los nueve meses en el paro estaban acabando con su ánimo…

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