periodismo científico

Yo no soy un periodista científico

He tardado varios años en decidirme a escribir este texto. Al principio se iba a titular “Yo no soy un blogger”. Pero el tiempo y la experiencia me han hecho cambiar de opinión. Sobre el título, no nos equivoquemos. Veréis. Todo comenzó hace tiempo…

Empezaba mis andaduras por el mundo de la divulgación científica, el “blogueo”, etc. Y hubo un momento en el que las circunstancias me colocaron en una posición muy estresante. Hubo un momento en el que tuve ganas (muchas) de gritarle a alguien a la cara que “yo no era un blogger”, que yo “no era un influencer“, que yo, en realidad, era un periodista científico, biólogo para más inri. Que mi formación me permitía entender cosas que otros no, y, por tanto, explicarlas en palabras llanas. El tiempo me enseñó que esto no es ser un periodista científico. No. Por supuesto. Los periodistas científicos son capaces de entender y explicar para todo el mundo los secretos de la ciencia.

Pero aunque he trabajado como periodista científico en más de una ocasión (y todavía, a día de hoy, lo hago constantemente), lo cierto es que mi papel es de un matiz distinto. Yo no soy un blogger, no. Tampoco soy periodista científico. Soy un divulgador. Y además, me gano la vida con ello. ¿Y en qué se diferencia el trabajo? Veamos: un periodista científico, como decíamos, toma una noticia del mundo de la ciencia, la trabaja, la “traduce” y la publica para que todos puedan entenderla. “¡Oh wait!” ¿Pero eso no es lo que hacen los divulgadores? Sí y no.

Divulgación vs Periodismo

periodismo científico

Sí, amigos y amigas, os he engañado para escuchar mi perorata sobre comunicación científica. Pero en fin, si habéis llegado hasta aquí, supongo que queréis escuchar la conclusión. En la investigación que llevé a cabo y que cristalizó en el trabajo final de mi Master: “Evaluación de la calidad de la divulgación científica aplicada a la biotecnología en los medios digitales” generamos un método con el que evaluar de forma standard y objetiva cualquier Por definición, la Divulgación Científica engloba al periodismo científico y no al contrariotexto de divulgación científica.

Sí, nuestra finalidad era encontrar un método que evaluara, en números, la calidad de un texto divulgativo. (Se que la curiosidad os reconcome. Pero os aguantáis. Ya os lo mostraré algún día.) El caso es que, como necesidad del trabajo tuvimos que categorizar los textos diferenciando entre los puramente divulgativos y los noticiosos. A colación llegó la diferenciación entre el periodista científico y el divulgador científico. Pero, ¿dónde se encuentra la delgada línea que los separa? En primer lugar, por definición, la Divulgación Científica engloba al periodismo científico (y no al revés). Pero no nos quedemos en meras definiciones semánticas. Vayamos al fondo del asunto.

Periodismo Científico

Si despojamos de todo matiz superfluo al texto y nos basamos en sus características, solo dos propiedades lo diferencian: una es la “noticiosidad”, la temporalidad de un artículo. La segunda es el lenguaje, el cual en el periodismo científico tiene unas reglas bien establecidas y estrictas. Estas reglas, además del léxico y la expresión, varían en algunos aspectos concretos como son el número de tecnicismos, las fórmulas periodísticas y la famosa regla de las 5 “W” (Quién, Qué, Cómo, Cuándo, Por qué). Bueno, y la pirámide de la información, claro (primero lo más importante, la información, después, lo demás).

Divulgación Científica

Lo anterior, aunque en ocasiones puede apreciarse en textos divulgativos, es más por necesidad o “contaminación” que por metodología. Los textos divulgativos también buscan informar. Pero la gran mayoría de ellos huyen de toda fórmula periodística. Además, ignoran la noticiosidad en muchos casos, buscando un fin más didáctico o ensayístico. Incluso subjetivo. La voz, en el caso de la divulgación “moderna”, es mucho más personal, alejada de reglas estrictas y draconianas. La cuestión es acercar la ciencia a la sociedad, ya sean especialistas, universitarios, chavales de instituto, oficiales de taller o abuelas centenarias.

La divulgación científica en el siglo XXI

comunicación científica

Ahora volvamos al comienzo. ¿Qué demonios tiene que ver todo esto con el blogging y demás parafernalia? Bueno. En una frase: “los tiempos han cambiado”. La divulgación científica ha cambiado. Y todo, digamos, gracias a Internet. Los últimos datos de FECYT, si recordáis, anunciaban Internet como la principal fuente de información científica en España, seguida por la televisión. La divulgación científica, los divulgadores científicos, han encontrado en Internet, en los blogs, el caldo de cultivo necesario para prosperar. A día de hoy, cualquiera puede dedicarse a divulgar sobre cualquier tema gracias a las herramientas Ahora, no solo los profesionales de la información, como los periodistas, pueden acceder al nicho profesional de los “informadores”gratuitas, poderosas y de difusión cosmopolita que están al alcance de todo el mundo.

Es más. Cualquiera puede utilizar esas herramientas para generar información atractiva y útil. E interactiva. Además, es una información instantánea, que puede modificarse al momento y que recibe feedback de los lectores al momento. Osea, un lujazo con el que los editores jamás habrían soñado. Por eso, ahora, no solo los profesionales de la información, como los periodistas, pueden acceder al nicho profesional de los “informadores”. De hecho, los amantes de la ciencia, sea de forma profesional (como es mi caso) o por puro placer, están dejando atrás a muchos periodistas. Esto también se debe a que falta especialización en el campo del periodismo científico, por supuesto.

El “quid” de la “cuestión”

divulgación científica

Pero, en mi opinión se debe a otro aspecto fundamental y muchas veces despreciado. Como decíamos al principio, existe una diferencia clara de registro entre los textos divulgativos y los textos noticiosos. Los textos divulgativos, como este que estás leyendo, se permiten varios lujos: podemos usar expresiones particulares en ellos; podemos hablar de cualquier temática y de cualquier manera, en el momento que sea; podemos profundizar o quedarnos en lo superfluo; también podemos usar todo tipo de recursos completamente vetados en las publicaciones noticiosas. En definitiva, el papel del divulgador no siempre es informar, sino que puede tratar de educar, compartir o sencillamente traducir la información. Así, cada cual explota la divulgación como quiere. Y eso le gusta al público.

Solo es cuestión de tiempo que aparezca la figura oficial del divulgador paralela a la del periodista científicoPoco a poco, los divulgadores están creando un nicho nuevo, aprovechando el insistente tirón de internet. Pero todavía quedan por cimentar las bases de su profesionalidad. Porque aunque los divulgadores profesionales (es decir, que cobran por divulgar) existen, son pocos. Sin embargo, buenos divulgadores, con calidad profesional, hay muchos. Y la sociedad, encima, recurre a ellos constantemente. Por tanto, solo es cuestión de tiempo que aparezca la figura oficial del divulgador, paralelamente a la del periodista científico. Porque sus funciones, su formato y su registro no son los mismos.

Un periodista científico tiene como deber informar de lo que pasa. Un divulgador no. Además, existen diversos niveles de divulgación (de bajo nivel, de nivel medio o de nivel especializado), cosa que en periodismo, tradicionalmente, solo existe uno. Ya es hora de que vayamos distinguiendo entre los dos tipos de labores. Y también de que reconozcamos el papel de los divulgadores en la sociedad. La figura del “divulgador científico” debería ir resaltando en la sociedad de la información. Solo así podremos conseguir una situación laboral justa. Solo así podremos conseguir una figura formativa y una educación especializada dentro del área de comunicación científica. Solo así podremos enseñar a nuestros científicos que la divulgación es un área imprescindible y valiosa unida a la ciencia. Solo así podremos ser justos con todos esos investigadores, profesores y amantes de la ciencia que se dejan las yemas de los dedos por hacer un mundo mejor sin que nadie se pare a pensar, ni un momento, qué papel juegan en el mundo moderno de la comunicación.

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