comunicación científica

Así somos los divulgadores y divulgadoras en España

El pasado mayo de 2017, como cada año, la Asociación Española de Comunicación Científica (o, para acortar, la AECC) nos preguntó a los divulgadores por nuestra situación. Y antes de que termine el año, como era de esperar, nos ha devuelto los resultados. Lo que podemos ver en ellos es una “radiografía” de las circunstancias en las que vivimos en este país los comunicadores científicos.

Los resultados están disponibles en la página de la asociación bajo el nombre de “Selfi de la comunicación científica en España 2017 (sic)“. Si no llegaste a participar en la encuesta, recuerda hacerlo el año próximo, seas o no seas socio de la AECC. Mientras tanto, la asociación ha confeccionado unas interesantes infografías para ilustrar la información.

¿Y qué es lo que muestran? En resumen, el perfil del divulgador es bastante esperable: mujer u hombre de mediana edad con formación científico técnica superior y orientación especializada. Pero, además, en los resultados se ponen de manifiesto algunas interesantes cuestiones: ¿dónde están los divulgadores jóvenes? ¿Qué pasa con YouTube? ¿Por qué hay pocas doctoras? Vamos a verlo.

De mediana edad y formados en ciencias

Con las respuestas obtenidas a partir de 317 formularios recopilados por la AECC, la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA), la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), la Asociación Catalana de Comunicación Científica (ACCC) y DivulgACCIÓN de Galicia, el perfil del divulgador español se alza de la siguiente manera:

“La mayoría de los comunicadores de la ciencia, el 60%, tienen entre 30 y 49 años. La media de edad es de 44 años. Los menores de 35 años suponen el 24,2%. Por sexo, la paridad entre hombres (52,7%) y mujeres (47,3%) está cerca”.

Periodismo es la formación inicial predominante, con un 29%. El resto de carreras se disgregan, pero si agrupamos las titulaciones científico-técnicas, la mitad de los comunicadores de la ciencia ha realizado estudios científico-técnicos.

Para el 53% la práctica laboral es fundamental como sistema de formación como comunicadores de ciencia. En conjunto, el 37% de los asociados ha recibido formación especializada en comunicación o en periodismo científico”.

Así podemos pensar que el divulgador o divulgadora suele ser alguien cuyo interés proviene de su formación profesional, que ha adquirido formación especializada en comunicación científica y que ha visto cómo la divulgación está tomando un carácter profesional, traspasando a la afición o la pasión por la ciencia, independientemente de que ellos la ejerzan o no. Un detalle interesante es que solo una cuarta parte de los mismos son divulgadores generalistas. Esto es bastante acorde con la formación especializada científica técnica que han recibido. ¿Implica esto mayor calidad o solo habla de la temática? Recordemos que la divulgación científica puede ejercerse a numerosos niveles de especialización.

Fuente: AECC

Podemos pensar que el divulgador o divulgadora suele ser alguien cuyo interés proviene de su formación profesional

Y hasta aquí, todo muy bien. Casi podríamos decir que la imagen del divulgador es la “esperable”. Y cuidado, porque aquí vamos. Sin criticar lo más mínimo la excelente labor de la AECC, de la cual debemos dar gracias en todo momento, hay que señalar que existe un sesgo bastante pronunciado en la encuesta. ¿Dónde están los menores de treinta años? Son solo un 9,1%. ¿Quiere decir esto que no hay jóvenes divulgadores en España? Y, ¿a qué nos dedicamos? A redes sociales y artículos mayormente. ¿Dónde está el ejército de “youtubers” que está conquistando las redes? Seguro que son más del 47,9% alcanzado en la encuesta.

Joven, universitario y “youtuber”

Que conste en acta que esto es solo una opinión forjada a la luz de mi propia experiencia. Actualmente estamos viendo una revolución muy interesante donde la información transmitida por canales multimedia, como YouTube, está tomando las riendas de la comunicación científica. Un blog famoso puede tener en torno a la decena de miles de seguidores, mientras que un canal de YouTube de características o temática similar puede alcanzar las centenas de miles.

Por supuesto esta comparación es falaz y odiosa. Pero vale para suscitar un ejemplo. Por otro lado, las nuevas generaciones, los más jóvenes, ya no ven la televisión. Su tele “a la carta” es YouTube y otros medios similares. Los divulgadores también jóvenes están aprovechando este hecho, del que son partícipes como consumidores, para erigirse como creadores de contenidos. Y les está yendo muy bien.

Ojalá contara con estadísticas concretas para avalar lo que digo. Pero a cambio haré referencia a canales como los de “El robot de Platón“, “Quantum Fracture“, “Date un Voltio“, “El Pakozoico” o “Sígueme la Corriente” entre los cientos que podemos encontrar. También puedo hacer referencia a proyectos como Scenio, que reúne a este tipo de divulgadores que aprovechan canales distintos al medio escrito.

De esta y otras plataformas similares se observa que el perfil medio del “youtuber” de ciencia parece ser el de un universitario interesado en la ciencia, que ha sido inspirado por otros perfiles semejantes al suyo. La media de edad de los “youtubers” parece estar bajando a medida que las nuevas tecnologías y los medios son más asequibles y extendidos. De nuevo, insisto, ahora mismo no disponemos de este tipo de datos, por lo que es un tema interesante en el que investigar.

El techo de cristal se deja ver

Cambiando radicalmente de tema, hay otro aspecto importante que sale a relucir en el “Selfi” de la AECC:

“En cuanto a nivel de formación, las mujeres alcanzan en su mayoría el grado de máster; los hombres, el de doctor. Juntos, el 33% tiene un máster, y empatan con un 30% los doctores y los licenciados”.

¿Por qué ocurre esto? Teniendo en cuenta la media de edad de las mujeres encuestadas, me atrevo a sugerir que aquí tenemos una inesperada manifestación del maldito techo de cristal del que todavía somos responsables. La mujer en ciencia sigue estando discriminada en muchos sentidos. Es un hecho que continúa lastrando nuestro camino por una sociedad mejor.

A ocho manos y con los bolsillos vacíos

Es muy curioso observar que entre los socios encuestados una gran mayoría, tanto si vienen de periodismo como si no, han aprendido el oficio trabajando. “Camino se hace al andar”, que decía Machado. Pero dejando la lírica amablemente a un lado, esto muestra que el acceso a la formación profesional en comunicación científica probablemente sea todavía deficiente.

En España cada vez son más los master y cursos orientados al periodismo y divulgación especializada en ciencia. Pero en general siguen siendo muy costosos y nada diseminados, recurriendo normalmente a unos pocos de ellos. También es cierto que actualmente la situación ha cambiado muchísimo para mejor, y que hace un par de décadas el acceso a la formación en comunicación científica no era tan bueno como ahora.

Esto nos lleva a hablar indefectiblemente de la situación laboral. Es increíble que exista un porcentaje tan alto de autónomos, casi un 30%. Muy por encima del 19% correspondiente a la media nacional entre la población ocupada. Vamos, que los divulgadores nos lo guisamos y nos lo comemos. Actualmente, saliendo un poco por los cerros de Úbeda, los autónomos nos encontramos en España bajo un espectro de dificultades considerables, aderezado todo con la palabra Freelance.

Divulgación

El autónomo depende de sí mismo, cobra solo lo que trabaja, no tiene vacaciones y ha de cumplir con sus obligaciones impositivas y alquileres sí o sí bajo cualquier circunstancia. Y aun así, existe poco tejido empresarial capaz de absorber a esta gran cantidad de divulgadores autónomos para darles cierta estabilidad. Eso, o es que como autónomos tienen mucho tiempo libre para dedicarse a la divulgación. Yo, como autónomo, me inclino por lo primero, con conocimiento de causa.

El 49% los divulgadores profesionales percibe menos de 25.000€ brutos anualesEsto contrasta amargamente con el hecho de que menos de la mitad de los divulgadores hagan su “trabajo” de forma remunerada. El resto o lo hace sin cobrar o lo hace “a veces cobrando y a veces no” (el 32%). En resumen, que el perfil medio del divulgador escrito coincide con alguien que se desloma para hacer lo que le apasiona en unas condiciones económicas precarias. ¡Vaya! ¡Jamás lo hubiera dicho! Encima, muchos de los comunicadores no se dedican, o no pueden dedicarse, 100% a la comunicación científica.

Fuente: AECC

Para darle más sabor al asunto, la gran mayoría de los divulgadores no percibe un salario bruto anual o es menor de 12.000€ (hablamos del 48,7% en total). Los que nos dedicamos 100% a esto estamos algo mejor pagados, pero casi el 50 estamos por debajo de los 18.000 – 24.000€ brutos anuales. En comparación con 2016, las estadísticas parecen haber aumentado, lo que podría hacernos sospechar de una mejora en la situación de los divulgadores.

No obstante, todavía queda mucho por hacer para colocar al divulgador científico en la situación que le corresponde como profesional reconocido y remunerado. Por ahora, aunque su figura comienza a destacar en la comunidad, los divulgadores seguimos siendo personas dedicadas y muy activas, acostumbradas a dedicarle muchas horas al día a nuestra profesión (más de 45 semanales) sin percibir, muchas veces, un salario digno a pesar de nuestro papel fundamental en la sociedad.

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