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Ser más humano: el secreto de una mejor comunicación de la ciencia

Seguimos luchando por tener mejores herramientas, hipótesis y teorías sobre #ComunicaCiencia. No es una tarea fácil. Por suerte, poco a poco van apareciendo interesantes novedades, preámbulos de herramientas y metodologías, para comunicar mejor. Una de las asignaturas todavía suspensas es la de la comunicación por parte de los científicos. Por otro lado, los comunicadores y comunicadoras también podemos aprovecharnos de todos los conocimientos que se generan para asistir a estos profesionales.

Una interesante muestra es, precisamente, este reciente estudio publicado por la Universidad de Missouri-Columbia. En el estudio se pone de manifiesto cómo usar un lenguaje más humano, menos institucional y más directo puede ayudar enormemente a generar una complicidad con el receptor, quien percibe al científico con una mayor aura de autenticidad. La empatía, las referencias personales y la subjetividad juegan un papel fundamental a la hora de llegar al público. Ya lo sabíamos, sin duda, pero estos estudios nos demuestran que no estábamos equivocados.

En resumen

  1. La confianza entre el emisor y receptor es un factor esencial en una comunicación efectiva.
  2. Dicha confianza debe ser mutua: el emisor debe confiar en que el receptor recibirá el mensaje para que este confíe en él.
  3. La confianza en el receptor supone entender que este comprenderá el mensaje a su modo y lo interpretará a su manera (lo que podría resultar difícil si esperamos transmitir un mensaje cuyo valor sea tan categórico como una evidencia científica).
  4. Parecen más efectivos los mensajes realizados en primera persona, con un lenguaje directo: "Encontramos que el lenguaje era más efectivo al ser en primera persona"; mejor que: "El estudio muestra que es mejor usar un lenguaje en primera persona".
  5. La conexión emisor-receptor es vital para establecer la confianza.
  6. Para promover dicha confianza es más útil mostrar una figura realista, humana, con un lenguaje más cercano.
  7. La institucionalidad y el rigor, en busca de la credibilidad, ponen barreras a la confianza entre el emisor y el receptor.
  8. Incluir percepciones personales, la posibilidad de falibilidad y la benevolencia es mucho más útil a la hora de generar confianza.

En definitiva, en la comunicación de la ciencia a la sociedad, cuya naturaleza es especial por la materia que trabaja, es mucho más efectivo ser más humanos, más recíprocos, hablar con otras personas, en vez de dar lecciones o usar un lenguaje frío y categórico sobre los descubrimientos, algo bastante común en el lenguaje científico.

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La autenticidad: el valor de la confianza

Hablemos de autenticidad. Este valor puede ser muchas cosas. Sin embargo, entendamos autenticidad, para este texto, como el valor de confianza que se le da al investigador cuando habla de los resultados de su investigación. La autenticidad percibida es el reconocimiento que otorga el receptor del mensaje al autor, grosso modo. Los investigadores lo definen así:

La literatura educativa es particularmente relevante en este caso, porque la autenticidad percibida ofrece al receptor del mensaje la oportunidad de reconocer que el comunicador es un individuo único con un conjunto de valores, una historia e intenciones, tal como son. El potencial de autenticidad para capturar las dimensiones de confianza que se centran en que el comunicador "tenga un interés personal en el tema", su similitud con el receptor "y su" disposición a admitir la incertidumbre " tienen particular relevancia en la comunicación científica, donde el comunicador posee una presunta experiencia y conocimientos avanzados.

La autenticidad en la comunicación de la ciencia es importante porque existe una barrera grande de conocimientos. Independientemente de que se reconozca de forma objetiva el valor de un mensaje por su emisor, este valor podría no estar respaldado de manera subjetiva, denigrándolo. En otras palabras: "que sí, que es un científico muy importante, lo entiendo. Pero me da igual". Esta frase resume la falta de reconocimiento de autenticidad en un conocimiento transmitido.

Existen numerosas razones para que esto ocurra. Pero, en esta investigación, así como otras anteriores, se ha comprobado que la barrera entre el "experto" y la persona "de a pie", no docta en la materia, ejerce una influencia funesta en esta percepción, incluso entre personas de parecidos niveles académicos, pero  diversas materias. Así, existen evidencias sobre el desafío que supone transmitir autenticidad en el contexto de un desequilibrio de poder, un contexto que ofrece la posibilidad de que el comunicador pueda ser percibido como "mirando por encima del hombro" al receptor del mensaje.

En este sentido, la autenticidad, como valor cualitativo, es una medida de la percepción y reconocimiento de un interlocutor, como ocurriría con un científico o un comunicador.

La confianza va en los dos sentidos

"La mayoría de las veces el público comprende lo que el científico les presenta, pero cada persona entiende el mensaje a su manera", explicaba SiSi Hu, el principal autor del estudio. "Por lo tanto, debe haber una comprensión mutua: el científico debe confiar en la audiencia tanto como la audiencia confía en el mensaje científico".

Tradicionalmente, los estamentos científicos han tratado al público con cierta reticencia o condescendencia. La búsqueda de la absolutista verdad científica, unida a un lenguaje tecnificado y a unos círculos elitistas han ayudado a construir un mundo comunicativo muy particular. Como ejemplos podemos ver la parte de la comunicación científica entre departamentos y colegas de investigación. También podemos ver un caso práctico en las publicaciones científicas, que se rigen por un lenguaje cerrado que obedece no solo a las necesidades, sino también a la costumbre.

Pero en dicho lenguaje, la narrativa científica, no está adaptada a las necesidades sociales. Es más, hace falta un entrenamiento especial para poder usarla, comprenderla y aprovecharla. Esto sitúa al receptor en una posición totalmente ajena y desconectada del emisor. La persona sin formación específica se siente excluida de la intención del científico. Esto, según el estudio, impide a que haya una confianza en el emisor.

Y es que, como decíamos, la confianza debe existir en ambos sentidos. La investigación ha demostrado que el emisor debe confiar en el receptor, bajando a un lenguaje más empático. Dentro de una narrativa que ambos puedan entender, el receptor puede por fin construir su confianza con respecto al científico. Y para eso, afirma su autor, es mucho mejor la benevolencia, un lenguaje y una actitud más humanas y personales, que la credibilidad o integridad.

El yo, más allá de la institucionalidad

Es bastante común que los científicos comiencen usando su institucionalidad para dar mayor credibilidad a su trabajo. El origen de las publicaciones, sus afiliaciones universitarias, sus investigaciones con tal o cual grupo... son pavoneadas (y perdón por la expresión) como símbolo de su credibilidad e integridad. Probablemente esto sea una consecuencia de la deformación profesional dentro del área. Sin embargo, a la hora de hablar con la sociedad sirve más bien de poco.

En este estudio, los investigadores ponen de manifiesto que huir de este lenguaje institucionalizado, que busca la credibilidad, es mucho mejor. Si un científico comparte una historia sobre el tema a través de una narración en primera persona, sin el uso de afiliaciones institucionales en busca de la credibilidad, las personas se muestran más inclinadas a percibirlo como "auténtico". Los autores lanzan la hipótesis de que esto se basa en un sentimiento de conexión.

Por otro lado, otro de los fallos comunicativos comunes en los científicos es el uso de la integridad como piedra de toque. Su trabajo es presentado por ellos mismos como un valor íntegro, categórico. Esto es también una deformación del lenguaje científico en el cual una hipótesis se pone en tela de juicio y se comprueba. Pero el lenguaje es mucho más dinámico. No está sujeto a grandes verdades, sino que cada mensaje es interpretable, incluyendo los resultados científicos.

"La gente quiere saber que la persona que les habla es un ser humano con sus propios valores y puntos de vista, y que el mensaje que comparten refleja esos valores".

Cuando un científico muestra un mensaje más personal, en vez de más institucional e íntegro, es percibido con mucha mayor autenticidad. Esto es interesante porque puede estar detrás no solo de las buenas comunicaciones científicas, sino también de las comunicaciones pseudocientíficas efectivas. En definitiva, lo que funciona es la confianza que le da el receptor al emisor (el científico), previo intercambio comunicativo. Al fin y al cabo, la comunicación es una cosa recíproca, no es una clase.

El rigor mal entendido es un error

Ya he hablado en más de una ocasión del que creo que es uno de los mayores cánceres de la divulgación científica: la institucionalidad. Ampliemos este concepto a algo aún más grande y consideremos institucionalidad como un sinónimo de credibilidad. La institucionalidad es un arma muy empleada en la comunicación de la ciencia en forma de rigor científico. Ojo, que no estoy queriendo decir que el rigor científico sea malo (¡válgame Darwin!) ni innecesario. Hablo puramente de la comunicación.

En muchos aspectos, el rigor se emplea para ganar una batalla dialéctica, apostillar un punto de vista y otros menesteres propios de la comunicación. A veces, el rigor es confundido con las formas del discurso y las voces que se le dan. Pero se puede ser muy riguroso sin usar todos los tecnicismos que tenemos en el bolsillo. A pesar de que esto parece una obviedad, lo cierto es que la comunicación científica está infestada de esta institucionalidad de la ciencia que confundimos con el rigor. Y esto es un error.

El problema, desde mi punto de vista, es que el rigor suele servir de excusa para acrecentar esa barrera entre emisor y receptor. "Mi argumento se basa en una verdad universal avalada por la evidencia". Es una manera poco efectiva de hacer una comunicación, al menos en primera instancia. No hablo de una discusión o un debate en el que es válido sacar los argumentos a relucir, sino en las acciones divulgativas.

Comenzar con el rigor y la institucionalidad por delante, sin atender a conectar con el receptor, demostrándole que tenemos un conocimiento infalible y que por eso nuestro argumento ha de ser creído, que deben confiar en él, es un terrible error.

Cómo comunicar mejor un mensaje científico

Después de extendernos un tanto diseccionando el artículo, vayamos a algo más práctico. En primer lugar, hay que decir que el estudio se ha llevado a cabo con interlocutores angloparlantes. ¿Significa que no es válido para la comunicación en castellano? No lo sabemos. Con este detalle en cuenta, apuntamos que los investigadores quieren asentar algunos mensajes para tratar de ayudar a la comunicación de los científicos.

En mi opinión, esto también puede ayudar a los comunicadores de la ciencia, sobre todo si tienen un background científico (y una probable deformación). ¿De qué mensajes hablamos?

  1. La confianza entre el emisor y receptor es un factor esencial en una comunicación efectiva.
  2. Dicha confianza debe ser mutua: el emisor debe confiar en que el receptor recibirá el mensaje para que este confíe en él.
  3. La confianza en el receptor supone entender que este comprenderá el mensaje a su modo y lo interpretará a su manera (lo que podría resultar difícil si esperamos transmitir un mensaje cuyo valor sea tan categórico como una evidencia científica).
  4. Parecen más efectivos los mensajes realizados en primera persona, con un lenguaje directo: "Encontramos que el lenguaje era más efectivo al ser en primera persona"; mejor que: "El estudio muestra que es mejor usar un lenguaje en primera persona".
  5. La conexión emisor-receptor es vital para establecer la confianza.
  6. Para promover dicha confianza es más útil mostrar una figura realista, humana, con un lenguaje más cercano.
  7. La institucionalidad y el rigor, en busca de la credibilidad, ponen barreras a la confianza entre el emisor y el receptor.
  8. Incluir percepciones personales, la posibilidad de falibilidad y la benevolencia es mucho más útil a la hora de generar confianza.

En definitiva, en la comunicación de la ciencia a la sociedad, cuya naturaleza es especial por la materia que trabaja, es mucho más efectivo ser más humanos, más recíprocos, hablar con otras personas, en vez de dar lecciones o usar un lenguaje frío y categórico sobre los descubrimientos, algo bastante común en el lenguaje científico.

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