Predatory journals: así se cuela la mala ciencia en la ciencia «de verdad» 🌍

Predatory journals: así se cuela la mala ciencia en la ciencia "de verdad"

En el artículo «Así es como la mala ciencia se infiltra en el debate científico internacional: no son solo los grandes escándalos, más de 50.000 artículos cuestionables se incorporan cada año» de Javier Jiménez (Dronte) se pone de manifiesto una problemática real, existente y bastante subestimada, relacionada con los predatory journals. Este tipo de publicaciones capturan investigaciones y las «secuestran» para publicarlas, aprovechándose del cobro por publicarlas, sin que estas pasen por un peer review. Es decir, prometen ser publicaciones científicas y, en realidad, no imponen ningún criterio científico.

Por tanto, la consecuencia es que lo que publican es mala ciencia, si es que puede considerarse ciencia. Pagando, cualquiera puede publicar en estas publicaciones, que imitan a la serias pero son de pésima calidad. El problema, como apunta Javier, es que, a pesar de este hecho están, permeando en los rankings que dirigen la publicación científica y su calidad.

«160.000 artículos. Eso es lo que más de 300 revistas «depredadoras» han conseguido colar en Scopus, una de las bases bibliográficas más utilizadas del mundo, en los últimos tres años. Es decir, cada año, se comenten más de 50.000 actos de fraude científico y se cometen de forma tan exitosa que traspasan los filtros de un gigante como Scopus».

Como vemos, no hablamos de cifras baladíes. Es importante conocer este tipo de publicaciones, saber identificarlas y, además, poner en justo valor el potencial daño que son capaces de hacer las publicaciones depredadoras. Por eso, este artículo resulta perfecto para hacerse una buena idea.

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Nature se vuelve open access pero, ¡a qué precio!

Nature se vuelve open access pero, ¡a qué precio!

Créditos: Nature.

Hace muy poco, una de las mayores editoriales en materia de publicaciones científicas, Springer Nature, lanzaba el anuncio: "¡Sí, nosotros también nos subimos al carro del open access!". Genial, ¿no? Es decir, si estos gigantes van a ofrecer el acceso libre a todos los conocimientos científicos que publican, eso es bueno, ¿verdad?. No tan rápido.

En primer lugar, ¿sabes por qué es tan importante esta batalla por conseguir una ciencia abierta? No te preocupes, ahora lo discutimos. Y, ya de paso, vamos a desgranar las condiciones de este anuncio: cómo va a funcionar el plan "OA" de Nature, la revisión editorial de pago y qué beneficios, o más bien perjuicios, podría traer este sistema para toda la ciencia a nivel global.

En resumen

  • Springer Nature ha anunciado que a partir de 2021 comenzarán a implantar su propio sistema de open access, participando con el Plan S, y la iniciativa cOAlition S en la reforma de acceso a la ciencia
  • Este procedimiento será paulatino y no eliminará de golpe el acceso por suscripción. Sin embargo, invitarán a lo autores a pagar por publicar para poner sus estudios a disposición de la sociedad
  • La tarifa para publicar en Nature y alguna de las otras 32 cabeceras de la marca será de 9.500€.
  • También ofrecen un sistema piloto denominado open access guiado, en el que se pagan 2.190€ no reembolsables por un proceso de revisión editorial. Si el artículo pasa el proceso, se pide una tarifa adicional para su publicación. Si no, el artículo se devuelve con el informe
  • El esfuerzo por pasar a un modelo open access es notable e interesante, pero los altos precios propuestos por la editorial hacen peligrar al sistema imponiendo una "tasa de prestigio" que podría corromper el espíritu de la reforma

Introducción: ¿qué es el 'open access' y por qué tiene tanta importancia

Lo primero es lo primero. ¿Qué es el dichoso open access? Puede que no estés al tanto de cuánto cuesta acceder a un repositorio científico. Estas publicaciones son las que engloban los resultados de las investigaciones. Resumiendo muchísimo, todo lo que no esté debidamente publicado en alguno de estos journals, no se considera ciencia al uso. Estos son los almacenes básicos de conocimiento científico. Es lógico pensar, por tanto, que deberían ser de acceso libre y gratuito, para que todos los científicos del mundo pudieran acceder a los mismos y ampliar el conocimiento humano, ¿verdad?

Pues nada más lejos de la realidad. Las gigantescas editoriales mantienen precios exorbitados por poder acceder a estos estudios, o papers. A pesar de que existen muchos repositorios gratuitos, papers liberados y otros modelos, la gran mayoría de conocimiento científico está detrás del pago de una suscripción que puede llegar a millones de euros al año para universidades y laboratorios.

Lo más curioso es que estas editoriales, aunque pagan a sus trabajadores, no les pagan a los investigadores que hacen de revisores para evaluar si una investigación es buena o no, como te explicaba antes en el artículo de revisión por pares. ¿Quieres saber otra cosa curiosa? En general, los autores de una investigación tienen que pagar para poder acceder a sus propios papers y ceden los derechos de la publicación. ¿Te cuento algo más? Los científicos se matan por publicar en las revistas más prestigiosas, cosa que se mide con una cosa llamada factor de impacto, y que, casualmente, siempre son las más caras para publicar.

Ah, sí, ¿no lo he dicho? En muchas de ellas, no solo pagas por leer los artículos, también lo haces si quieres publicar en ellas. Aunque normalmente solo pagas por una cosa u otra. Y aquí es donde entra el open access. Este modelo consiste en pagar las labores editoriales para poder publicar en la revista, de manera que el paper esté disponible gratuitamente para toda la sociedad.

En la iniciativa cOAlition S se promulgó la necesidad de devolverle la ciencia a la sociedad, derribando las barreras de pago por acceso al conocimiento. Para ello, los Gobiernos adscritos se comprometían a ayudar a sufragar los costes de estas publicaciones open access, siempre que las editoriales se comprometiesen a convertirse a este modelo y que fueran transparentes con los gastos asociados. La iniciativa sigue avanzando, lenta pero inexorable. Y, por fin, llegamos a Springer Nature.

 

Nature se vuelve ‘open access’

Según anunciaban, a partir de 2021, Springer Nature comenzará su servicio open access con la idea de ir, paulatinamente, cambiando todo su sistema editorial. La idea es que los autores vayan virando poco a poco hacia esta forma de publicación, pagando por los servicios editoriales y dejando sus artículos a disposición de la sociedad, totalmente gratuitos. Hasta entonces, continuarán con su sistema actual, que cobra por el acceso a los contenidos.

¿Y cuánto costará publicar un Nature open access, entonces? Para que tu artículo salga en Nature o alguna de las 32 cabeceras más importantes de la editorial, el precio que tendrás que abonar será de unos 9.500€ (11.390 dólares). Y sí, es un precio tan alto como parece. Recordemos que en el resto de editoriales el precio más caro rara vez alcanza los 6.000€, incluso en revistas de altísimo factor de impacto para su sector.

Revisión editorial remunerada (pero no 'peer review')

Si este precio no es asequible, la editorial tiene otra oferta para tu paper: puedes pagar 2.190€, no reembolsables y la compañía te devolverá un informe que, según afirman, "incluye una evaluación editorial más detallada que los informes de revisión típicos". Pero eso no asegura que el paper se publique. Dependiendo del caso, el estudio podría ser redirigido a otra publicación más adecuada según la editorial (y con otro factor de impacto) o directamente rechazada. Eso sí, te irías con tu informe "más detallado" a casa y con 2.190€ menos.

Por descontado, también incluyen el peer review, aunque no pagan a los revisores según parece, obviamente, como no se ha hecho nunca y, probablemente, nunca se hará. Esto, además, levanta otra cuestión: ¿qué pasa con los papers que no salgan adelante, ¿se va a tirar todo el trabajo de los pares, que solo se llevan cierto reconocimiento, a la basura?

¿Y qué pasa si lo aceptan, tanto en el journal al que apuntabas como si lo redirigen? Pues entonces te pedirían otra suma por publicar, que varía entre los repositorios. En general, indican, puede costarte en torno a los 5.000 o 6.000€ en total, aunque hay journals notablemente más baratos. A esta experiencia la llaman Open Access Guiada.

Por un lado, sinceramente, no me parece mal. Creo que es un modelo de negocio novedoso que pretende actualizar unos valores editoriales completamente obsoletos y abusivos. Si se lleva bien, este modelo guiado puede abrir la puerta a sistemas más eficientes que nos permitan salir de la crisis de publicación en la que estamos inmersos. Sin embargo, y esta es una opinión, me parece que el contexto y los precios siguen siendo abusivos.

Elitismo editorial: la 'tasa de prestigio'

Volvamos al dinero. Tanto en el caso del pago a tocateja como en el de la versión guiada, nos encontramos ante una apuesta económica bastante grande. Tan grande, de hecho, que hay quien la denomina "tasa de prestigio". Y nunca mejor dicho: si tienes dinero suficiente podrás acceder a los journals con más caché, esto es, los de mayor factor de impacto. ¿Y si no puedes? Pues entonces tu ciencia caerá por los cuartiles del prestigio hacia la indiferencia científica. En otras palabras: o pagas o jamás podrás acceder a los círculos más prestigiosos de la ciencia.

Y esto afectará, sin duda, a los países más pobres, con una ciencia más austera y con menos inversión (¿he oído España? ¿Quién ha dicho España?). Esto es especialmente cierto teniendo en cuenta que, además, según el plan cOAlition S, gran parte de la pasta para publicaciones estará regulada por el Gobierno. Bueno, pero también está la versión guiada, más baratera, ¿no?

Si es más barata, digo yo, será por algo. En una gigante editorial, este tipo de "guía" podría servir como primer filtro, redirigiendo una investigación (o, por qué no, seamos maliciosos, al nombre de un investigador, de una universidad o de un equipo) a publicaciones menos prestigiosas. Esto no es una cuestión baladí ya que dicho prestigio es importante para obtener dinero y seguir publicando.

Si no hay dinero para invertir en ciencia, no hay prestigio, lo que hace que haya menos dinero aún

Actualmente, el dichoso factor de impacto y la inversión que se realiza en ciencia son valores directamente relacionados. De la misma manera, vemos la pescadilla que se muerde la cola: si no hay dinero para invertir en ciencia, no hay prestigio, lo que hace que haya menos dinero. Este modelo simplista nos habla de un futuro nada halagüeño en el que un elitismo científico dirigido por las editoriales científicas (cosa que no es nueva, y que es parte de la crisis actual) se verá recrudecido.

En otras palabras, este movimiento por parte de Springer Nature bien puede convertirse en justo lo contrario a lo que el espíritu open access aspiraba: en vez de promover una ciencia más abierta, ética e igualadora, podría malversarse para volver aún más violentas las actitudes perniciosas que han viciado la ciencia actual. Y todo, como ocurre con las cosas más tristes de este planeta, con la excusa de hacer un bien llevada por bandera. Ojalá me equivoque.

¿De dónde saco un tema para escribir?

Herramientas para encontrar la temática perfecta

Muchas veces me preguntan:

“¿De verdad tienes temas para escribir todos los días?”. 

Y lo cierto es que sí.

Rigor, titulares y desinformación: los lectores también son responsables de lo que leen

RIGOR, TITULARES Y DESINFORMACIÓN: LOS LECTORES TAMBIÉN SON RESPONSABLES DE LO QUE LEEN

En los artículos de divulgación científica, seguramente debido a la deformación profesional, existe una especie de celo excesivo con la rigurosidad de información. Ojo, que no digo que no sea necesario el rigor: es imprescindible para la profesión, eso sin duda. Pero, a veces, nuestra búsqueda del trabajo informativo objetivo perfecto nos lleva a mirar con cierta superioridad moral los primero que se lee de un artículo.

¿Quién no ha puntualizado en más de una ocasión un titular con desdén sin siquiera leer el contenido? Porque a veces no llegamos ni a la entradilla (yo tampoco, lo admito). Sin embargo, hablando concretamente de los titulares, en el mundo de los medios digitales, hay que admitir que son un arte peliagudo, incluso en divulgación científica. Pero no toda la responsabilidad corre a cuenta de las y los redactores. El lector tiene una (gran) parte de culpa.

En resumen

Usamos el rigor en divulgación, de forma natural, como vara de medir la calidad de un titular (y muchas veces el artículo que corona). Esto no es correcto. La rigurosidad es una característica más de una información y, a veces, puede ir en contra de otras características igual o más importantes.

Los redactores y editores no somos responsables de cómo gestiona la información el lector. Es responsabilidad de lector leer más allá del titular.

Leemos el titular y el mensaje nos llega antes, siquiera, de pararnos a pensar. Nuestros filtros culturales y formativos entran en juego. También lo hace el contexto de intoxicación informativa que vivimos (demasiada información). Entonces emitimos un juicio y criticamos. Hemos cometido un error. Como decíamos, la responsabilidad editorial es que ese titular no sea falso, ni desinformativo. 

Que el título sea más o menos riguroso depende de muchos otros factores. Y nosotros y nosotras tenemos la responsabilidad de seguir leyendo el mensaje que transmite el escrito.

Titulares falsos, poco rigurosos, sensacionalistas y ‘clickbait’

Al igual que miro titulares con una ceja elevada en altivez inmerecida, casi todos los días me enfrento a la necesidad de escoger un titular adecuado. Porque es demasiado fácil caer en un titular no adecuado: cualquier título que dé lugar a engaño o sea desinformativo es malo. También son malos aquellos titulares que no aportan nada de información (y los que aportan demasiada, pero por otra cuestión). Por descontado, son horribles los titulares que pretenden engañarnos. Esto es en términos generales.

Un error es permisible. Se subsana y punto. Una desinformación no lo es

A nivel divulgativo solemos pensar que existe otra categoría de malos títulos: los pocos rigurosos. Esto es porque, normalmente, coincide con alguno de los mencionados arriba. Un error es permisible (se subsana y punto). Una desinformación no lo es. Un titular desinformativo es aquél que transmite una información falsa, ayudando a perpetuarla. Así, un titular como «El aspartamo produce cáncer» es falso, además de poco riguroso. «Comer un kilo de aspartamo al día produce cáncer» es falso, de nuevo, aunque algo más riguroso.

«Ingerir 0,7 kilos por masa corporal de aspartamo al día está relacionado con la incidencia de cáncer en ratas» es el título más riguroso y certero, por ejemplo. Y horrible, también, pero ahora veremos eso. Mientras tanto, en el carrusel de títulos malos, «El aspartamo produce cáncer» no solo es falso y poco riguroso, sino que roza el sensacionalismo.

El sensacionalismo es una manera de destacar una información que suele resultar secundaria con la intención de despertar polémica o atención desmesurada sobre un tema. No todo el sensacionalismo está ligado a una mala calidad de la información, aunque sí es lo más común. El sensacionalismo no es lo mismo que el clickbait.

El clickbait es un tipo de contenido muy concreto que se aprovecha de la conocida como «brecha de curiosidad» suscitando un tema y sugiriendo que haciendo «click» se resolverá dicha curiosidad, sin que esto sea así. De hecho, los buenos clickbaits suelen enganchar al lector en una visita tras otra a diferentes páginas con la misma técnica.

  • Un error es, como bien indica su nombre, un fallo informativo que puede llevar a una información incorrecta y desencadenar la desinformación
  • La desinformación afecta a un mensaje que transmite información falsa o tergiversada (rigurosa o no), perpetuando el mensaje desinformativo
  • La falta de rigor se refiere a un texto (o titular) que es poco preciso o concreto, sin tener por ello que ser falso
  • El sensacionalismo es una manera de destacar una información que suele resultar secundaria con la intención de despertar polémica o atención desmesurada
  • El clickbait es un tipo de contenido muy concreto que se aprovecha de la conocida como «brecha de curiosidad» suscitando un tema y sugiriendo que haciendo «click» se resolverá dicha curiosidad, sin que esto sea así. El clickbait es un claro ejemplo de desinformación

El dilema del rigor

Mientras que la falsedad, el sensacionalismo o el clickbait son aspectos muy claros, la rigurosidad no lo es tanto. La rigurosidad es un matiz, aunque choque mucho decirlo, bastante subjetivo. En ciencia, el rigor parece un valor tan absoluto como las evidencias que sustentan un hecho probado. Sin embargo, aplicar el rigor a un concepto como un titular, lejos de ser algo objetivo, es algo muy personal.

El ejemplo: «Consumir más de un kilo de aspartamo al día está relacionado con el cáncer» no es especialmente riguroso, pero, desde luego, tampoco es falso o desinformativo. Puede ser más riguroso si coincide más con lo que dicen las evidencias, incluso siendo falso, o ser menos riguroso aún siendo verdad. Al fin y al cabo, cuando hablamos de rigurosidad hablamos de precisión. Sin embargo, solemos confundir precisión con certeza, veracidad o evidencia. Craso error.

Aún peor es cuando usamos esta conceptualización de lo riguroso para criticar un titular y, con él, el artículo entero. En primer lugar, como decíamos, el nivel de rigurosidad no es el mismo para todo el mundo. Un especialista en un campo, si es especialmente quisquilloso, podría opinar que un titular no es riguroso por no contener toda la información (y hasta podría tener razón). Pero eso no quiere decir que sea un mal titular. Una persona no formada en ciertos temas podría ver un titular sobradamente riguroso sin que este tenga por qué ser bueno.

En definitiva, usamos el rigor en divulgación, de forma natural, como vara de medir la calidad de un titular (y muchas veces el artículo que corona). Esto no es correcto. La rigurosidad es una característica más de una información y, a veces, puede ir en contra de otras características igual o más importantes. ¿Por qué el rigor no debe ser la vara de medir? Para quien no vea la obviedad, aquí van algunas razones.

Titular es un arte complicado

Cuando te enfrentas a un titular necesitas, en muchas ocasiones, ponerte delante de frases que rechinan. Un titular sobrio y riguroso puede valer para ciertos medios, pero no para todos. Especialmente si hablamos de medios generalistas. Un titular sobrio y aburrido, por muy riguroso que sea, atraerá menos la atención. «¿Y qué, si es más correcto?». Es una cuestión práctica: hay que comer, y para comer hay que vender. Que nadie me venga con la moralina. Informar es un negocio, igual que tantos otros. Ser ético y moral no está reñido con saber vender tu mercancía.

Además de eso, normalmente en los medios digitales tienes otros problemas de corte puramente práctico: los titulares tienen una longitud en caracteres máximos (según la herramienta de publicación). También tienes unas necesidades relacionadas con el SEO, pues, al fin y al cabo, escribes para un mundo digital, cuya atención está dominada por los buscadores, y tiene unas reglas concretas. Por si todo esto fuera poco, tienes que cumplir con unos parámetros editoriales.

La línea editorial te marca qué expresiones puedes usar, cómo se construye un titular adecuado, etc. No, no es censura. La línea editorial está pensada para darle coherencia a la voz de todos los textos. Independientemente de que un medio tenga a varios autores, debe existir una cohesión que podríamos llamar «metanarrativa». Esta se consigue, entre otras cosas, con unos titulares dentro de una línea editorial fuerte.

En definitiva, «No existe evidencia en más de quince años de investigaciones de que el consumo de aspartamo en las medidas reguladas suponga un peligro para la salud» será muy riguroso y real. Pero es horrible. Es larguísimo, es poco atractivo y va en contra de todo lo que el SEO prescribe, por poner algunas pegas. «El aspartamo es seguro, según las evidencias» es, tal vez, menos rigurosos (preciso), pero no deja de serlo. Y también es veraz y más atractivo en todos los sentidos.

La responsabilidad del lector está en leerlo todo

Además de lo anterior, hay una opinión impopular pero necesaria de recordar: los redactores y editores no somos responsables de cómo gestiona la información el lector. Es responsabilidad de lector leer más allá del titular. Se nos suele olvidar.

Los redactores y editores no somos responsables de cómo gestiona la información el lector

En general, el lector, como consumidor de un producto, es exigente. Todos y todas, como consumidores, tendemos a elevar ese grado de exigencia a todos los productos disponibles. El caso de la información existe un problema y es que evaluamos un mensaje de manera automática y casi sin pensar. La compleja comunicación que ostentamos es una de las mayores virtudes de nuestra especie, pero puede resultar un arma de doble filo.

Y es que leemos el titular y el mensaje nos llega antes, siquiera, de pararnos a pensar. Nuestros filtros culturales y formativos entran en juego. También lo hace el contexto de intoxicación informativa que vivimos (demasiada información). Entonces emitimos un juicio y criticamos. Hemos cometido un error. Como decíamos, la responsabilidad editorial es que ese titular no sea falso, ni desinformativo. Pero que sea más o menos riguroso depende de muchos otros factores. Y nosotros y nosotras tenemos la responsabilidad de seguir leyendo el mensaje que transmite el escrito.

Sí, podemos juzgar un titular. No, no podemos juzgar un texto por su titular. Ni tan siquiera por la entradilla. Esto es por varias razones: como decíamos, su elección depende de muchas cosas, algunas técnicas que poco entienden de rigor o calidad informativa. Otra de las razones es que el rigor, como hemos dicho, no es más que un valor más, y no sirve para emitir un valor absoluto de la información. Por último, ha de quedar claro que el titular no representa a todo el texto, aunque debería resumirlo.

Si un lector o lectora se queda solo en el titulo, y este no es desinformativo, no existen razones a priori para hacer una crítica objetiva. Usar el rigor como excusa para abatir un texto, sin leer el resto, es una falta de responsabilidad por parte de los consumidores. Como decíamos, vivimos en una sociedad intoxicada de información. Nos llegan mensajes y los desechamos a velocidades de vértigo.

Pero sigue siendo nuestro responsabilidad, como seres intelectualmente complejos, el hacer el esfuerzo en procesar adecuadamente la información. También lo es el emitir un juicio de valor tras hacer dicho procesamiento y no antes, con una información incompleta. Por supuesto, es mucho más fácil (y rápido) quedarnos con el mensaje incompleto del titular. Por ello, no está demás recordar a los redactores y redactoras que el lector tiene esta carga sobre sus hombros; y a los lectores y lectoras que el desconocimiento de su competencia no les exime de las consecuencias.

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